ICE GÜEMES
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Nuestra historia

Una historia de fe que comenzó mucho antes

La historia de nuestra iglesia está profundamente ligada a los orígenes de Esperanza y a las primeras familias que llegaron a estas tierras durante la colonización de mediados del siglo XIX.

Entre aquellos inmigrantes provenientes de Europa había familias de tradición protestante que trajeron consigo sus Biblias, sus himnos y el deseo de conservar y compartir su fe. A pesar de las dificultades religiosas y culturales de aquella época, comenzaron a reunirse para leer las Escrituras, cantar y enseñar la Palabra de Dios a sus hijos.

Estas primeras expresiones de fe sentaron las bases de una obra que, con el paso de las generaciones, se extendería por las colonias cercanas y finalmente se establecería en el corazón de Esperanza.

  1. Los primeros pasos de la obra evangélica

    Uno de los acontecimientos importantes de esta historia fue la llegada de Pablo Besson a la Argentina, el 25 de julio de 1881.

    Besson, pastor y misionero, había recibido noticias sobre las necesidades espirituales de creyentes establecidos en la región de Esperanza. Movido por ese llamado, decidió viajar al país y comenzar una labor evangelística entre las comunidades de inmigrantes.

    Desde Esperanza recorrió distintas colonias, entre ellas San Carlos, Pujato y Las Tunas, celebrando reuniones, visitando familias y compartiendo el mensaje del Evangelio.

    Con el tiempo, familias de la colonia Pujato comenzaron a organizar encuentros dominicales dedicados a la enseñanza bíblica. Apellidos como Engler, Arn, Eckhart y Harris aparecen vinculados a aquellos primeros años.

    La Escuela Dominical fue una de las principales expresiones de esta obra, reuniendo a niños y adultos alrededor de la Palabra de Dios.

    Retrato histórico de Pablo Besson de perfil.
    Pablo Besson.
  2. Expansión regional

    De las colonias a la ciudad de Esperanza

    La labor iniciada en las colonias fue extendiéndose hacia distintas localidades de la región.

    En este proceso tuvo un papel destacado Arturo Payne, médico que desarrolló su actividad en poblaciones cercanas y que, al mismo tiempo, dedicó esfuerzos a promover reuniones cristianas y Escuelas Dominicales.

    Su participación fue importante para el establecimiento de nuevas comunidades de creyentes, primero en localidades como Santo Domingo y Grütly, y posteriormente en Esperanza.

    Los testimonios conservados recuerdan reuniones realizadas en hogares familiares, donde vecinos y niños se congregaban para escuchar las enseñanzas bíblicas.

    Con el crecimiento de estas actividades surgió el deseo de contar con un lugar propio para reunirse regularmente en la ciudad.

    Arturo Payne sentado junto a su esposa.
    Arturo Payne y su esposa.
  3. 1937: un lugar para congregarnos

    Durante la década de 1930 se logró adquirir un terreno sobre calle Güemes, destinado a la construcción del primer edificio de la iglesia.

    La iniciativa contó con el impulso de Arturo Payne y el compromiso de distintas familias que colaboraron en la organización y construcción del templo.

    Finalmente, el 11 de septiembre de 1937 se celebró su inauguración.

    Una carta escrita por Arturo Payne a Domingo Manera invitaba a participar de aquella jornada, anunciando reuniones de predicación durante toda la tarde y encuentros especiales en los días siguientes.

    Aquel edificio se convirtió en un punto de encuentro para los creyentes de Esperanza y de las colonias cercanas, dando comienzo a una nueva etapa en la vida de la congregación.

    Familias reunidas frente al templo evangélico de calle Güemes en su inauguración.
    Inauguración del templo de calle Güemes, 11 de septiembre de 1937.
  4. Continuidad generacional

    Generaciones que continuaron la obra

    Con el paso de los años, distintas familias asumieron la responsabilidad de sostener y desarrollar las actividades de la iglesia.

    La enseñanza de la Biblia, la Escuela Dominical, las reuniones de oración y la predicación del Evangelio continuaron siendo parte fundamental de la vida congregacional.

    Los testimonios históricos recuerdan especialmente la dedicación de la familia Engler y de muchos otros hermanos que ofrecieron su tiempo, sus hogares y sus recursos para el crecimiento de la obra.

    También destacan la estrecha relación con la iglesia de calle La Rioja, en Santa Fe, cuyos predicadores colaboraron durante diferentes períodos con las reuniones en Esperanza.

    Esta comunión entre congregaciones fue una característica importante de la historia de la iglesia.

    Grupo de niños y adultos reunidos al aire libre junto a Leonia Engler.
    Escuela Dominical junto a Leonia Engler.

    “Ésta es nuestra historia, espero que pueda servirles para testimonio de cómo Dios obra en las personas.”

    — María Elena Manera de Spies
  5. Consolidación y crecimiento

    Una comunidad en crecimiento

    Durante las décadas posteriores, la iglesia fue consolidando sus actividades y alcanzando a nuevas generaciones.

    El trabajo con niños, adolescentes y jóvenes adquirió una importancia creciente, acompañado por maestros, colaboradores y familias comprometidas con la enseñanza de la Palabra de Dios.

    También fueron importantes los campamentos, encuentros fraternales y actividades compartidas con otras iglesias de la región, que fortalecieron los vínculos entre generaciones.

    Con el tiempo, la congregación también participó en el acompañamiento y crecimiento de la obra en otras localidades, entre ellas Felicia.

Una historia que continúa

A lo largo de su historia, nuestra iglesia ha sido el resultado del compromiso y la dedicación de generaciones de creyentes que compartieron una misma fe y el deseo de anunciar el Evangelio.

Desde las primeras reuniones en hogares familiares hasta la consolidación de una comunidad en la ciudad de Esperanza, cada etapa ha sido parte de un camino construido con esfuerzo, perseverancia y confianza en Dios.

Hoy continuamos ese recorrido, agradecidos por quienes nos precedieron y comprometidos con las generaciones presentes y futuras.

Nuestra historia sigue escribiéndose, con la misma misión de compartir la Palabra de Dios, crecer juntos en la fe y servir a nuestra comunidad.